Es como la lluvia en una película muda, o como un barco en el fondo del mar, o como una galería de espejos a la hora de cerrar, o como la tumba del ventrílocuo mundialmente famoso, o como el rostro de la novia cuando se sienta a mear después de hacer el amor toda la noche, o como una camisa secándose en el tendal sin una casa a la vista… Bueno, vas pillando la idea. De 'El monstruo ama su laberinto', Charles SIMIC.

Diez novelas negras, diez comienzos (8)

20/9/09 | |

Me iba bien en el trabajo. Era lo mismo todos los veranos. El calor y la niebla tóxica llegaban a cubrir el valle; la gente sucumbía bajo el malestar y la apatía; las resoluciones y los compromisos quedaban sin resolver. Yo me aprovechaba de la situación: mi mesa estaba llena de órdenes de recuperación de coches de todas las marcas y modelos, desde un Datsun sedán a un Eldorado Ragtop, y en un territorio que iba de Watts a Paicoma. Sentado en mi despacho, escuchando el Concierto para violín de Beethoven y tomando mi tercera taza de café, calculaba mis ganancias y descontaba los gastos. Al acabar, suspiré y bendije a Cal Myers, su paranoia y su avaricia. Nuestra relación viene de los tiempos en que yo trabajaba con la Brigada Antivicio de hollywood. Entonces estábamos los dos metidos en un lío y yo le hice un favor. Ahora, años más tarde, su noblesse oblige me mantiene en un cierto esplendor de clase media, libre de impuestos.

Réquiem por Brown. James Ellroy. Traducción de Raúl Quintana Muñoz. Edicones B.

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