Como predestinado por una fuerza invisible
Etiquetas: Literatura, Música
Sweet hawaiian moonlight
El marionetista, ebrio, se tambalea mal sostenido por invisibles y precarios hilos. Sus ojos, en agonía alucinada, no atinan la esperanza de un soporte. Empujado o atraído por un caos de círculos y esguinces, trastabilla sobre el desorden de un camerino, eslabona angustias de inestabilidad, oscila hacia el vértigo de una inevitable caída. Y en última y frustrada resistencia, se despeña al fin como muñeco absurdo.
La marioneta –un payaso cuyo rostro de madera asoma, tras el guiño sonriente, una nostalgia infinita- ha observado el drama de quien le da transitoria y ajena locomoción. Sus ojos parecen concebir lágrimas concretas, incapaz de ceder al marionetista la trama de los hilos con los cuales él adquiere movimiento.
Edmundo Valadés.
::: Tam Tam Melodie, delicias retro.
Etiquetas: Literatura, Música
365 cómics al año, por Andrés Accorsi
Etiquetas: Cómics
Dejar el gustico para otra ocasión
Etiquetas: Diseño editorial
La canasta de enlaces
Etiquetas: Diseño, Diseño editorial
El nudo Windsor y otros enlaces
Etiquetas: Diseño
1961 Messerschmitt Service Car
Agarrar al estúpido lagarto de ojos azules se convirtió en lo más complicado. Algo mucho más difícil que capturar al caballo, al burro, a la oveja o incluso al león. Al tercer día, con el cielo nublado y el diluvio por venir, me dí por vencido. Dios lo quiso así. Cerré la puerta del arca y lo di por extinguido.
Raúl Sánchez Quiles.
Etiquetas: Diseño, Literatura
Aluvión de enlaces comiqueros
Etiquetas: Cómics
自主制作アニメーション, the TV show (Beto enlace)
Etiquetas: Videos
Fukt errante (Guarro Kane)
Sandro Centurión.
Etiquetas: Diseño, Literatura
The best movies of all time map
Etiquetas: Cine
La otredad pegada a mí mismo
Ricardo Robles.
Etiquetas: Ilustración, Literatura
Alma, de Rodrigo Blaas (vía Juan Manuel)
Alma from Rodrigo Blaas on Vimeo.
Etiquetas: Videos
Pink Boobaloo
Lo nuestro fue hermoso, Sue; bello como un globo de chicle que crece sin parar. Fue lindo como una mañana con sabor a tuti fruti. Lo sabes, preciosa: tus mejillas se encendían de fiesta y "chewing gum". Y reías.
Me advertiste -casi fue una amenaza- que la vida es breve. El sabor de la experiencia dura poco: Sí, Sue, eso pensaste. Y escupiste el chicle, ya sin sabor, de tu boca.
Carlos Wynter.
Etiquetas: Literatura
Mi propio otoño, Martín Gardella
Hace casi veinte años que me hago cortar el cabello por el mismo peluquero. Mudó de local, incluso de barrio, y a pesar de todo sigo siendo un fiel cliente de su peluquería. Será por tener edades similares que, además de la típica relación estilista-cliente, logramos con el paso del tiempo construir algo muy parecido a una amistad. La mayoría de las veces me retiré del local muy conforme con su obra y solo en algunos casos tuve que volver para un fino retoque, pero últimamente no hay corte que me satisfaga, pienso que está muy corto, que sigue largo o que se nota demasiado el remolino que detesto desde que era un niño. Cambié mi peinado y le pedí que modificara el estilo y, sin embargo, aún hay algo que me deja disconforme frente al espejo. Busqué múltiples razones para culpar al peluquero pero debo reconocer su inocencia. Nadie puede vencer al paso del tiempo que lentamente se revela en los cabellos que me abandonan por las noches sobre la almohada o taponan el desagüe de la bañadera. Es evidente que está llegando mi propio otoño, solo espero que mi estilista continué siendo suficientemente hábil para ayudarme a disimularlo.
Martín Gardella.
Foto tomada de aquí.
Etiquetas: Literatura
Un anuncio en el río de los sueños
Yo, por ejemplo, misántropo, hosco, jorobado, pudrible, inocuo exhibicionista, inmodesto, siempre desabrido o descortés o gris o tímido según lo torpe de la metáfora, a veces erotómano, y por si fuera poco, mexicano, duermo poco y mal desde hace muchos meses, en posiciones fetales, bajo gruesas cobijas, sábanas blancas o listadas, una manta eléctrica o al aire libre, según el clima, pero eso sí, ferozmente abrazado a mi esposa, a flote sobre el río de los sueños.
Gustavo Sainz (México)
Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).
Anuncio
Oriundo de Hamelín, soy flautista y alquilo mis servicios: puedo sacar las ratas de una ciudad o, si se prefiere, a los niños de un país sobrepoblado.
René Avilés Fabila (México)
Etiquetas: Literatura
Carita de ángel, hay amores que matan
para Claude Bowald.
Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada.
Él busco por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde fluo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.
Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
-Quiero una mancha roja allá, conminó.
Y ambos rieron.
Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto.
Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.
Luisa Valenzuela.
Etiquetas: Literatura
¡Apártate Angelina, que Linda siempre será la más linda!
La víspera de dejar yo la ciudad, ella me invitó a cenar. –Fueron tres años, después de todo –dijo. « Tu cuerpo es mi casa», recordé haberle repetido, tantas veces, en aquel tiempo. No sé si ella lo pensó también, en esa casa –y en ese cuerpo- que yo había abandonado días antes. Pero no hubo reproches. Y su cuerpo fue de nuevo mi casa.
Al salir, de madrugada, sólo me dijo: -Cuídate.
Se portó como una reina que, al desterrarlo, hiciera un último regalo a su bufón.
Julio Miranda.
En la imagen: Linda Darnell, fotografía de Edward Clark. Agosto 8 de 1950. Archivo de Life.
Etiquetas: Literatura
La carta, de José Luis González
San Juan, Puerto Rico
8 de marzo de 1947
Querida vieja:
Como yo le desia antes de venirme, aquí las cosas me van vién. Desde que llegué enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso vivo como don Pepe el administradol de la central allá.
La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues quiero buscarla en una de las tiendas mejores. Dígale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene de ella.
Boy a ver si me saco un retrato un día de estos para mandálselo a uste.
El otro día vi a Felo el hijo de la comai María. El esta trabajando pero gana menos que yo.
Bueno recueldese de escrivirme y contarme todo lo que pasa por alla.
Su ijo que la quiere y le pide la bendisión.
Juan
Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel ajado y lleno de borrones y se lo guardó en el bolsillo de la camisa. Caminó hasta la estación de correos más próxima, y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Dobló la mano izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha con la palma hacia arriba.
Cuando reunió los cuatro centavos necesarios, compró el sobre y los sellos y despachó la carta.
José Luis González, La galería (México: Biblioteca Era, 1982. En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).
Etiquetas: Literatura
Invitados, Luis Mateo Díez
Los invitados llegaron a casa a la hora prevista. Ángela y yo les recibimos encantados. La cena fue exquisita. La conversación brillante y entretenida hasta que las copas comenzaron a hacer efecto.
Entonces se iniciaron esos pequeños altercados que son fruto de las envidias y las maledicencias y que lastran las amistades por largas que sean.
Yo, como siempre, me quedé dormido. Para las copas soy un desastre.
Cuando desperté, con el sol en la ventana y la mañana del domingo muy avanzada, tardé un rato en percatarme del desastre en que se había convertido el salón. Todo estaba destrozado.
En la alfombra pisé una enorme mancha que me pare- ció de sangre. La mancha se repetía en las paredes. Llamé a Ángela, angustiado.
La casa estaba vacía y lo que de ella pude ver, hasta que sonó el teléfono, en parecidas condiciones al salón.
El timbre del teléfono acrecentó el dolor de cabeza que, se apoderaba de mí. Me llevé la mano a ella y sentí un bulto pegajoso. Temí desvanecerme.
Descolgué el aparato temblando.
-Ninguno de vosotros me quiso nunca -musitó una voz compungida y llorosa en el auricular, y en seguida escuché el sonido de un disparo.
Antes de salir al jardín y observar los cuerpos mutilados que colgaban de los árboles dejé caer el teléfono con la sensación de que el aroma quemado de la pólvora abrasaba mi mano.
Luis Mateo Díez.
Etiquetas: Literatura
Autor intelectual, una "ficción mínima"
Nadie te oyó entrar en su casa, ni discutir con él unos minutos, ni retirarte fingiendo que ya no volverías para acceder nuevamente por la puerta de atrás, sorprenderlo por la espalda y dispararle tres veces. Nadie te vio registrar sus cajones, robar dinero y documentos, tomar después el camino de regreso por una calle empedrada con las manos en los bolsillos y al cruzar el viejo puente arrojar el arma al río. Tal vez no falte quien sospeche ya, que lo anterior no alcanza para incriminarte. La unánime noche es testigo: nadie te oyó ni te vio.
La realidad es indiferente a las simetrías. La imaginación, las busca y las encuentra por doquier. Perfecto, en consecuencia, será sólo aquel crimen que sea imaginario. Ahora bien, ¿quién ha sido el autor de este crimen?, ¿quién lo ha imaginado?, ¿quién ha dado por cierto lo que no es sino una negación? A la hora de responder estas preguntas, no me gustaría estar en tu lugar, activo lector.
Federico Demarchi.
Texto extraído de Ficción mínima, un blog para los amantes de los cuentos cortos.
Etiquetas: Literatura
Vida, muerte y lo que Sócrates diría...
Mago con serrucho
Con el serrucho, el mago corta en dos la caja de donde asoman las piernas, los brazos y la cabeza de su partenaire. La cara de la mujer, sonriente al principio, se deforma en una mueca de miedo. En seguida empieza a gritar. Brota la sangre, la mujer aulla pidiendo socorro y mueve los brazos y las piernas con aparente desesperación mientras la gente aplaude y se ríe. Después sólo se queja débilmente y al fin se calla. En otras épocas el público era más exigente, recuerda el mago: pretendía que la mujer volviera a aparecer intacta. Ahora, en cierto modo, todo es más fácil. Excepto conseguir ayudante, claro.
Ana María Shua.
Etiquetas: Literatura
Ni muerto, ni de parranda
Etiquetas: Diseño
Los descubridores
Cierta vez- de eso hace ahora mucho tiempo- fuimos visitados por gruesos hombres que desembarcaron en viejísimos barcos. Para aquella ocasión todo el pueblo se congregó en las inmediaciones de la playa. Los grandes hombres traían abrigos y uno de ellos, el más grande de todos, comía y bebía mientras los demás dirigían las pequeñas embarcaciones que los traerían a la playa. Una vez en tierra –ya todo el pueblo había llegado-, los grandes hombres quedaron perplejos y no supieron qué hacer durante varios minutos.
Luego, cuando el que comía finalizó la presa, un hombre flaco, con grandes cachos en la cabeza, habló de esta manera a sus compañeros: Volvamos. Acto seguido todos los hombres subieron a sus embarcaciones y desaparecieron para siempre.
Desde entonces se celebra en nuestro pueblo –todos los años en una fecha determinada- el desembarco de los grandes hombres. Estas celebraciones tienen como objeto dar reconocimiento a los descubridores.
Humberto Mata, Imágenes y conductos (Caracas:Monte Ávila, 1970. En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).
Etiquetas: Literatura
Tardío saludo de año nuevo
Y a don gordo, pues usted ya sabe.
Etiquetas: Literatura
Desde la fría Finlandia, Lotta Nieminen
Etiquetas: Ilustración
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