Earl Hooker - Earl's Boogie
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SEX SAX, Ceremonias
Es terrible, sí, pero siento alivio… Su locura me exasperaba. Lavarse las manos 80 veces por día, levantarse 6 veces cada noche para asegurarse que la puerta esté con llave, sus extrañas ceremonias con los fósforos antes de encender la cocina… ¡Me era insoportable ya! Ayer se fue. Por un mes voy a dar dos vueltas a la silla antes de sentarme, para asegurarme que no vuelva…
David Slodky.
Etiquetas: Literatura
Cardiac arrest
Una portada que ni mandada hacer para el "gordo en las nubes", cortesía de ::: Aceto Eteno, gemas descargables con un dejo hardcore.
Etiquetas: Música
"La canción" y "a destiempo"
La canción
Al borde del desierto en el ribazo, y con la lanza clavada en la arena, mientras yo estaba sobre la muchacha, ella dijo una canción que pasó a mi boca y supe que venía desde la primera boca que había dicho una canción ante el rostro del tiempo para que llegara hasta mí y yo la clavara en otras bocas para que llegara hasta la última que diría una canción ante el rostro del tiempo. (Luis Britto García)
A destiempo
Llevaba tantos días sin hablar con nadie ni oír las noticias que no podía saber que los servicios de limpieza de la ciudad estaban en huelga. Cuando saltó desde la ventana del octavo piso fue a caer sobre una montaña de bolsas de basura. y ni siquiera tenía las llaves de su apartamento. (Tomás Onaindia)
© Ilustración de Giovanni Clavijo.
Etiquetas: Literatura, maluqueras del Gio
"La mujer" y "El Engaño"
La mujer
Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás en su sueño podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya. (Ana María Shua)
El engaño
La conoció en un bar y en el hotel le arrancó la blusa provocativa, la falda entallada, los zapatos de tacón alto, las medias de seda, los ligueros, las pulseras y los collares, el corsé, el maquillaje, y al quitarle los lentes negros se quedó completamente solo. (Marcial Fernández)
© Ilustración de Giovanni Clavijo.
Etiquetas: Literatura, maluqueras del Gio
El infierno es...
Problemas del Infierno por José Emilio Pacheco
Una vez cada cien mil años los demonios autorizan ochenta suicidios en el infierno. Nadie sabe quiénes serán los elegidos, y todos los habitantes bullen en adulación para los torturadores, intrigas y mala fe entre los torturados. El sector radical de los ángeles ha hecho pública su protesta a fin de que Dios, en Su Infinita Bondad, presione a los demonios. Porque no está bien que a la tortura de la infinitud se añada el castigo mediante la esperanza.
El infierno por Virgilio Piñera
Etiquetas: Literatura
"Diccionario de la Sinceridad" de Pitigrilli
Algunas definiciones del "Diccionario de la Sinceridad" (muy en la onda de Ambrose Bierce y su "Diccionario del Diablo") del escritor italiano Pitigrilli (1893-1975).
Amor: Un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso, ningún beso.
Estadística: Una ciencia, según la cual, todas las mentiras se tornan cuadros./ La ciencia por la cual si yo me he comido un pollo y tú no te has comido ningun pollo, hemos comido, por término medio, medio pollo cada uno.
Pudor: Invención de los hombres para uso de las mujeres; se han olvidado, sin embargo, de indicar la dosis y el modo de emplearla.
Releer: Verbo usado por los hombres graves -"releía precisamente por estos días..."- para no confesar que ha leído por primera vez un libro que tendrían que haber leído treinta años antes.
(Textos encontrados en "Antología del Ingenio Festivo y del Humor" de Vicente Stamato. Editorial Voluntad, Bogotá, 1997.)
+++Algunas líneas de "Escritos Inocentes"(Grupo Editorial Norma, 1999) de la argentina Griselda Gambaro (1928-), uno de los libros indispensables para pasar los domingos de tedio "premium" durante mi etapa payanesa (de eso hace ya tres años)...
- Los signos de la vejez son cuatro. Los primeros: las canas, la pérdida de los dientes, la fatiga. Estos tres podrían superarse, salvo cuando se revela el cuarto: los seres y las cosas nos miran y nosotros no devolvemos la mirada.
- Lo que me sucede es que no creo. No creo que los aviones vuelen, que los autos de alquiler lleguen a donde debo dirigirme, que la gente que debe esperarme en un país extraño, me espere. Nunca creo que las calles me conduzcan al lugar preciso que indica el mapa: no creo en el tiempo, que se vuelve fugaz y hasta arbitrario cuando debo cumplir una cita a la que siempre llego antes.
- No me explico por qué razón las flatulencias del espíritu, como la costumbre de la queja, por ejemplo, no provocan la misma vergüenza ni tienen la misma censura social que las del cuerpo.
- Aun en la relación más profunda, nunca se vive la misma historia de amor. Se viven fragmentos comunes de dos historias diferentes.
© Ilustración de Giovanni Clavijo.
Etiquetas: Literatura, maluqueras del Gio
Un cuento de Nicolás Suescún
El hombre entre las ruinas
Caminaba entre las ruinas, trozos de columnas, bustos descabezados, fragmentos de bajorrelieves, incomprensibles jeroglíficos. Los árboles, aquí y allá, eran extrañamente geométricos, parecían dibujados. El cielo era del color de la piedra de los muros derruidos. Por lo visto no había allí antagonismo entre el hombre y la naturaleza. La naturaleza parecía también en ruinas; las ruinas, ser parte de la naturaleza. Los capiteles corintios eran más reales que las plantas, del mismo color pero algo más pálidos. El sol se había escondido, no supo si amanecía, o si el día agonizaba. La luz, le dio la impresión, era sólida, pero él podía avanzar en ella. Tuvo la sensación de que lo tocaba, una suave, cálida caricia.
Sinembargo, le inquietaron los extraños signos esculpidos en las piedras, las columnas de templos erigidos a dioses desconocidos y oscuros. Y entonces se produjo una creciente frialdad: la caricia de la luz se convirtió en un soplo gélido, que lo azotaba.
De pronto reinó la oscuridad, y fue uno con las ruinas, una ruina más. Y no pudo moverse, no pudo más sentirse.
Texto tomado de la revista Aleph.
Página del maestro italiano Sergio Toppi.
Etiquetas: Cómics, Literatura
Lolita Jay, qué bonito acordeón!
Le daba la misma carta cada mañana para verle recobrar la ilusión. Era lo único bueno de la enfermad, cada vez que la leía era la primera. Teresa di Lamargo.
Etiquetas: Miscelánea
Enoch Bolles, ¡lady, play your tambourine!
Un muy buen set en Flickr con las bellísimas mujeres pintadas por Enoch Bolles (1883 - 1976) para diferentes publicaciones.Etiquetas: Ilustración, Música
Tantas canas de verte
LA PUNTA DE LA MADEJACuando ella descubrió su primera cana quiso arrancarla de un tirón, pero como el odioso pelo blanco se prolongaba, jaló y jaló, mientras su cuerpo se destejía, hasta que sólo quedó una niña llorando asustada.
Gustavo Masso
Etiquetas: Música
La Cosa por Luisa Valenzuela
LA COSA
El, que pasaremos a llamar el sujeto, y quien estas líneas escribe (perteneciente al sexo femenino) que como es natural llamaremos el objeto, se encontraron una noche cualquiera y así empezó la cosa. Por un lado porque la noche es ideal para comienzos y por otro porque la cosa siempre flota en el aire y basta que dos miradas se crucen para que el puente sea tendido y los abismos franqueados.
Había un mundo de gente pero ella descubrió esos ojos azules que quizá—con un poco de suerte—se detenían en ella. Ojos radiantes, ojos como alfileres que la clavaron contra la pared y la hicieron objeto —objeto de palabras abusivas, objeto del comentario crítico de los otros que notaron la velocidad con la que aceptó al desconocido. Fue ella un objeto que no objetó para nada, hay que reconocerlo, hasta el punto que pocas horas más tarde estaba en la horizontal permitiendo que la metáfora se hiciera carne en ella. Carne dentro de su carne, lo de siempre.
La cosa empezó a funcionar con el movimiento de vaivén del sujeto que era de lo más proclive. El objeto asumió de inmediato—casi instantáneamente—la inobjetable actitud mal llamada pasiva que resulta ser de lo más activa, recibiente. Deslizamiento de sujeto y objeto en el mismo sentido, confundidos si se nos permite la paradoja. * Luisa Valenzuela, Libro que no muerde (México: UNAM, 1980).
© Ilustración de Giovanni Clavijo.
Etiquetas: Literatura, maluqueras del Gio
David Lupton, gracias a las aventuras del Pez.
Los dibujos de David Lupton.+
MIRANDO EN EL LAGO
Miro y miro mi sombra en el lago,
no veo un rostro blanco, sólo cabello blanco.
He perdido mi juventud, y nunca la encontraré otra vez,
¡inútil agitar las aguas del lago!
PO CHU-I (772-846 D.De C.)
Etiquetas: Ilustración, Literatura
Que no se cure
Etiquetas: maluqueras del Gio, Música
La espumita y Brigitte Bardot
Celia dio a luz un hermoso botón. Creyó que había sido un sueño. Con sorpresa vio que el botón la seguía por la casa pidiéndole que lo amamantara con hilo blanco y que le cantase una nana.
Ángel Guache.
Etiquetas: Literatura, Música
Lo bello y lo crudo (raw power, black sex)
Etiquetas: maluqueras del Gio
"Selva" por Gabriel Zaid (México, 1934)
Selva
Me gusta acariciarte el hipopótamo.
Husmear lo que apenas perdices.
Acechar tu bostezo furibundo.
Disparar al vuelo de tu aullido.
Me gusta darte el dedo a morder,
la percha de tus periquillos.
Verte, mona desnuda, meditar,
de la cola, del árbol de la vida.
La pantera feliz ronronea
después del suculento pleistoceno.
Me gusta la gratitud
en los ojos de la victoria.
Gabriel Zaid.
Etiquetas: Cómics, Literatura
Una noche con algo de blues
Una noche
Doblaron la esquina y aparecieron en la calle, bajando hacia la Plaza Bolívar. La patrulla marchaba sin aparente rigor, dividida en dos filas, una en cada acera, y la comandaba un joven sargento que caminaba solo por la calzada. Andaban cansados. Había llovido, y en la noche el pavimento absorbía el fulgor amarillento que despedían los faroles de las esquinas. El sargento hablaba y bromeaba sin levantar mucho la voz, y los soldados celebraban sus ocurrencias con risas apagadas. Bordearon una pared blanca manchada por un graffiti escrito a brochazos que decía: “MILITARES ASESINOS”. El sargento apuntó al letrero y dijo: “Pónganle el visto bueno”, y todos rieron suavemente mientras bajaban por la calle, marchando hacia la Plaza Bolívar.
Juan Carlos Botero
Los 100 mejores discos de la historia del Blues.
Etiquetas: Literatura, Música
Asco turbio y ciego
Etiquetas: Literatura, maluqueras del Gio
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