Cuentos para el nuevo año

1/1/12 | |

Lujuria
Me incliné sobre ella. Dormía. Iba yo dispuesto al beso, moviéndome con artes de sutileza. Entonces, inexplicablemente, despertó. Sin duda me llegó, rectilínea, su mirada envuelta en la ternura del sueño, porque no pude evitar sentirme como quien es sorprendido en el acto vergonzante de abrir una caja fuerte.
Guillermo Farber.

Castigo eterno
Las puertas del infierno se abrieron y él entró, envuelto en un halo de incógnitas. Pero lo desconcertaron la inesperada bienvenida y el entusiasmo de la novedad, y le ocurrió lo que a todos los anteriores: al calor del momento decidió quedarse allí para siempre.
Guillermo Farber.

0 comentarios:

Publicar un comentario