Chao, Gabo (1927 - 2014)

17/4/14 | |

LA SIESTA DEL MARTES 

 El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino, en intempestivos espacios sin sembrar, había oficinas con ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas entre palmeras y rosales polvorientos. Eran las once de la mañana y todavía no había empezado el calor. 
—Es mejor que subas el vidrio —dijo la mujer—. El pelo se te va a llenar de carbón. 
La niña trató de hacerlo pero la ventana estaba bloqueada por el óxido. 
En la imagen, García Márquez por Tullio Pericoli.