Lorrie Moore, el movimiento brusco de las caderas

17/12/14 | |

DANZA EN ESTADOS UNIDOS

Les cuento que la danza comienza cuando un momento de dolor se mezcla con un momento de aburrimiento. Les cuento que es la extensión del cuerpo en la cual él mismo se da aire. Les cuento que es el triunfo del corazón, la victoria del discurso de los pies, el refinamiento de la embestida y el vuelo animal, la más pura metáfora de la tribu y del yo. Es la vida haciéndole una higa a la muerte.
Me invento todo este rollo. Pero entonces siento el voltaje perdido de mi carisma alquilado, oigo la autoridad mal modulada de mi voz, y yo también me lo creo. Estoy convencida. La compañía desmantelada, la disminución de los encargos de coreografía, mi cuerpo menos flexible, menos receptivo a mis órdenes, he venido aquí (a esta zona de Pensilvania de casas coloniales de estilo holandés) para dos semanas, como «Bailarina de Escuelas». Visito clases, en las universidades y en los colegios, propagando las sagradas escrituras de la Danza. La cabeza se me llena de mi propia cháchara. Todo lo que mi vida interior ha ido acumulando está agotándose rápidamente, me vacía la boca, mientras estoy delante del público, y respondo a las temibles y prohibidas preguntas alemanas sobre el arte y mis «bailes de puta» (el movimiento brusco de las caderas, las repentinas sacudidas hacia delante y la rotación sugerente de caderas delante de la chulería). Preguntan por qué todo lo que hago parece tan «femínico».

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Lorrie Moore, cuento perteneciente a Pájaros de América (1998). Traducción de María José Galilea Richard.