Es como la lluvia en una película muda, o como un barco en el fondo del mar, o como una galería de espejos a la hora de cerrar, o como la tumba del ventrílocuo mundialmente famoso, o como el rostro de la novia cuando se sienta a mear después de hacer el amor toda la noche, o como una camisa secándose en el tendal sin una casa a la vista… Bueno, vas pillando la idea. De 'El monstruo ama su laberinto', Charles SIMIC.

Otra vez Jayne

22/5/13 | |

Pobreza
Los senos de aquella mujer, que sobrepasaban pródigamente a los de una Jayne Mansfield, le hacían pensar en la pobreza de tener únicamente dos manos.
Edmundo Valadés (México).