"No pasa nada por reconocer que en la vida hay algo de misterio, que hay un componente de incertidumbre, no pasa nada por reconocer que necesitamos ayuda, que pedir ayuda es un acto de una gran generosidad porque permite a los demás ayudarnos y nos permite a nosotros mismos ser ayudados. Unas veces pedimos ayuda, otras veces ofrecemos ayuda, y entonces este mundo hostil se transforma en un lugar muy diferente…”

De Una guía sobre el arte de perderse, de Rebecca Solnit.

Deborah Eisenberg y La venganza de los dinosaurios

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De este libro de cuentos de Deborah Eisenberg (con traducción de Federico Falco), el texto La venganza de los dinosaurios, para leer aquí.

La luna sobre Miami y las huellas de sí mismo

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Psicoanálisis de la escritura

Aunque hable de sol y montañas,
aunque cante los pequeños espacios
o las grandes verdades,
todo el poema
habla de aquel
que sobre él escribe
Cuando las huellas de sí mismo
parecen excluirse de las palabras,
aun así, es a sí mismo que se describe
al escribirse en el texto
que es escisión de sí
Todo el poema
es un estado de pasión
cortejando el reflejo
del que lo creó
Todo el poema
habla de aquel
que sobre él escribe
y así se ama de manera desmedida,
en la medida del verso en que se contempla
y en vértigo
se ahoga.
Traducción de Marisa Martínez Pérsico.

Ana Luísa Amaral.

Un adiós a X504

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Mamá negra

Cuando mamá negra hablaba del Chocó
le brillaba la cadena de oro en el pescuezo,
su largo pescuezo para beber agua en las totumas,
para husmear el cielo,
para chuparles la leche a los cocos.
Su pescuezo largo para dar gritos de colores con las guacamayas,
para hablar alto entre las vecinas,
para ahogar la pena,
y para besar a su negro, que era alto hasta el techo.
Su pescuezo flexible para mover la cabeza en los bailes,
para reír en las bodas.
Y para lucir la sombrilla y para lucir el habla.
Mamá negra tenía collares de gargantilla en los baúles,
prendas blancas colgadas detrás del biombo de bambú,
pendientes que se bamboleaban en sus orejas,
y un abanico de plumas de ángel para revolver el aire.
Su negro le traía mucho lujo del puerto cada vez que venían los barcos,
y la casa estaba llena de tintineantes cortinas de conchas y de abalorios,
y de caracoles para tener las puertas y para tener las ventanas.
Mamá negra consultaba el curandero a propósito del tabardillo,
les prendía velas a los santos porque le gustaba la candela,
tenía una abuela africana de la que nunca nos hablaba,
y tenía una cosa envuelta en un pañuelo,
un muñequito de madera con el que nunca nos dejaba jugar.
Mamá negra se subía la falda hasta más arriba de la rodilla para pisar el agua,
tenía una cola de sirena dividida en dos pies,
y tenía también un secreto en el corazón,
porque se ponía a bailar cuando oía el tambor del mapalé.
Mamá negra se movía como el mar entre una botella,
de ella no se puede hablar sin conservar el ritmo,
y el taita le miraba los senos como si se los hubiera encontrado en la playa.
Senos como dos caracoles que le rompían la blusa,
como si el sol saliera de ellos,
unos senos más hermosos que las olas del mar.
Mamá negra tenía una falda estrecha para cruzar las piernas,
tenía un canto triste, como alarido de la tierra,
no le picaba el aguardiente en el gaznate,
y, si quería, se podía beber el cielo a pico de estrella.
Mamá negra era un trozo de cosa dura, untada de risa por fuera.
Mi taita dijo que cuando muriera
iba a hacer una canoa con ella.
Jaime Jaramillo Escobar.

Lo que empieza donde termina

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Lo que empieza donde termina

Para armar un libro hay que hacer
como las modistas que cosen
siempre del lado de adentro
y cuando dan vuelta la tela esas costuras
que ellas trabajaron confiadas
desaparecen para dejar ver
un aceptable
lado de afuera.

Tamara Kamenszain.

Sí, el hacha es nuestra

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 El hacha

—Pase, doctor. Sí, es aquí. Sí, soy yo quien lo ha llamado. Mi marido ha sufrido un accidente. Sí, creo que es un accidente grave. Muy grave, incluso. Hay que subir a la planta de arriba. Está en el dormitorio. Por aquí. Discúlpeme, la cama no está hecha. Ya me comprenderá, me he asustado un poco cuando he visto toda esa sangre. Yo no sé si voy a ser capaz de limpiarla. Creo que mejor me voy a vivir a otro sitio.

»Venga a ver la habitación. Aquí está, al lado de la cama, en la alfombra. Tiene un hacha clavada en el cráneo. ¿Quiere examinarlo? Sí, examínelo. Un accidente de lo más tonto, ¿verdad? Se ha girado en la cama mientras dormía y ha caído encima de este hacha.

»Sí, el hacha es nuestra. Normalmente la tenemos en el salón, al lado de la chimenea, para partir la leña en trozos. »¡Que por qué estaba al lado de la cama! No tengo ni idea. Él mismo debió de dejarla apoyada contra la mesilla de noche. Igual por miedo a los ladrones. Nuestra casa está tan aislada…

Continuar leyendo.

Agota Kristof.

Algo de Jenny Saville

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Un dibujo de Jenny Saville, para un miércoles de pendientes y correcciones de las correcciones.

La bestia y Madam Satán

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 Otras dos joyitas para este jueves chiense.

Dolores del Río, un ave del paraíso

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Un par de carteles encontrados en Las películas que yo veo.

El pecado de Nina Moran

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The sin of Nora Moran (1933), película dirigida por Phil Goldstone.

.¿ES ÁCIDA? ¿ES AMARGA?

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Desplegando sus líquenes Ella pasa rozando 

Me abraza su humedad me atrae me acicala 
Me incrusta el peine hostigando los huecos

 .....¿ES ÁCIDA? ¿ES AMARGA? 

Pregunta su lengüeta a mi párpada erecta 

Soledad Fariña

Pequeñas joyas (un poco escondidas): Yield to the night

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Fotogramas de Yield to the night (1956, también conocida como Blonde sinner), película dirigida por J. Lee Thompson y con una soberbia fotografía de Gilbert Taylor.

Una miscelánea muy polaca

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Una entrada de enlaces misceláneos: las colecciones digitales de la IADDB (un poco de todo: anuncios, carteles); SOCMUS, diseño gráfico búlgaro de la era socialista; otra colección de pósters polacos, por aquí; un buen puñado de pósters de películas, digitalizados por el Harry Ransom Center, de la Universidad de Texas; los archivos de la Alliance Graphique International; pósters y más pósters de películas, en Posteritati; más bellezas polacas en este enlace.

Los polacos y sus carteles

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Maestros del cartel polaco, festín visual para tiempos de resistencia, rebeldía y ganas de cambiar este país que va bien torcido.

Ana Luisa Amaral, cosas de partir

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Cosas de partir

Intento empujarte desde encima del poema
para no destruirlo en la emoción de ti:
ojos semicerrados, en precauciones de tiempo
soñándolo de lejos, todo libre, sin ti.

De él ausento: tus ojos, sonrisa, boca, mirar;
todo cosas de ti, pero cosas de partir...
Y mi alarma nace: y si moriste ahí,
en medio de suelo sin texto que está ausente de ti?

Y si ya no respiras? Si no te veo más
por querer empujarte, lírica de emoción?
Y mi pánico crece: si no estuvieras allí?
Y si no estuvieras donde el poema está?

Hago eróticamente respiración contigo:
primero un adverbio, después un adjetivo
después un verso todo en emoción, promesas.
Y termino contigo encima del poema,
presente indicativo, artículos a oscuras

Ana Luisa Amaral (Portugal, 1956)

Aquí está La otra

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Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras.

Verdikt, con Sophia Lorenová

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Un afiche de Karel Vaca, para Veredicto, película (en la lista de pendientes) con Sophia Loren y Jean Gabin.

Dos o tres cosas que sé de ella

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 Un póster de René Ferracci, para una película de don Jean-Luc.

El paro y sus imágenes

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 Para darle un vistazo. La fotografía es de @historiassencillas

Volviendo a los viejos lugares

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 RADIO AMBULANTE, un podcast siempre recomendable.

Desde la antigua Checoslovaquia, los pósters

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Una muy bonita galería de pósters checoslovacos de películas, gracias a Terry posters. En la imagen, uno de Adolf Born.

Música para tiempos de aguante

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EvolRock, 24 horas de rock al día sin publicidad.

Las mujeres de Okada

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Yoshio Okada, para días de marchas, bloqueos, policías en modo psycho killer y buses Bogotá/Chía.

No para la 'gente de bien'

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 La Illustration Nº72, como siempre, una fuente de inspiración para todos los amantes del dibujo.

¡Al fuego, bomberos! (o el truco de Carla Giraldo)

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Un póster de Vladimir Bidlo, para una película de Milos Forman.

Sonidos metropólicos

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¿Dónde están mis amigos? Esos que ya no están

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Tangazo

A días de salir
Pregunto para qué
Si ya no tengo fe
Ni fuerzas.
Yo sé que te perdí
Cuando me perdí
Y pasan las horas
Muertas.
Aquí en este rincón
De la oscura prisión
Se oyen las voces
De desconsuelo.
Yo nunca fui botón
Y no quiero llorar
El preso tiene a Dios
Para rezar.
Prefiero mil veces volver
A la calle donde pertenezco
Volver a caminar, sonreír
Y rodar y rodar
A la medianoche.
¿Dónde están mis amigos?
Esos que ya no están
¿Por qué están perdidos?
Los quisiera abrazar
Y juntos rodar y rodar
A la medianoche.
Aquí en este rincón
De la oscura prisión
Se oyen las voces
De desconsuelo.
Me pasaron la cuenta
Y tuve que pagar
El preso tiene a Dios
Para rezar.
Andar por andar
Bajo las estrellas
Sin hacernos reproches
El perfume de ella
Y libres rodar y rodar
A la medianoche.
Sentir como golpea
La lluvia en mi cara
El tiempo se borra
Las ideas se aclaran
Sin penas rodar y rodar
A la medianoche.
Yo nunca fui botón
Y no quiero llorar
El preso tiene a Dios
Para rezar.

Letra de Adrián Otero. Memphis la blusera.

Agosto, 1973

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Página de un calendario que anda rondando por mi casa desde hace décadas. El escaneado no es que me haya quedado una maravilla, pero bueno, ahí está.

Avalancha cartelística internacional

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Marilyn y Rififí, double team (sin JCVD)

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Diario de un provocador

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Dando un vistazo a la obra del fotógrafo japonés Daido Moriyma.

Un poema de Emilia Ayarza

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LLANTO Y VIGILIA

Aquí está el dolor.

Como un árbol se levanta
para cubrir la angustia.
Presión establecida
Entre el llanto y el sauce
como si una voz de enredadera
prendiera de lágrimas y acentos
el muro de la última palabra.

Aquí está el dolor.
Y sólo estamos tú y yo para negarlo! 

Movie poster of the week

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 En el notebook de MUBI, Adrian Curry y su Movie poster of the week.

En la imagen, un póster de Thomas Schleusing, para Once Upon a Time in the West (Sergio Leone, 1968).

Desde Bogotá, Palabra andina y las voces periféricas

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 Voces periféricas, antología literaria de Escuchar los Andes. Léanla aquí.

El tiempo entre juguetes

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 De el Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. Editorial Acantilado.

Encuentros con escritores locales emergentes: Giovanni Clavijo

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