Es como la lluvia en una película muda, o como un barco en el fondo del mar, o como una galería de espejos a la hora de cerrar, o como la tumba del ventrílocuo mundialmente famoso, o como el rostro de la novia cuando se sienta a mear después de hacer el amor toda la noche, o como una camisa secándose en el tendal sin una casa a la vista… Bueno, vas pillando la idea. De 'El monstruo ama su laberinto', Charles SIMIC.

"Diccionario de la Sinceridad" de Pitigrilli

19/9/11 | |

Algunas definiciones del "Diccionario de la Sinceridad" (muy en la onda de Ambrose Bierce y su "Diccionario del Diablo") del escritor italiano Pitigrilli (1893-1975).
Amor: Un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso, ningún beso.
Estadística: Una ciencia, según la cual, todas las mentiras se tornan cuadros./ La ciencia por la cual si yo me he comido un pollo y tú no te has comido ningun pollo, hemos comido, por término medio, medio pollo cada uno.
Pudor: Invención de los hombres para uso de las mujeres; se han olvidado, sin embargo, de indicar la dosis y el modo de emplearla.
Releer: Verbo usado por los hombres graves -"releía precisamente por estos días..."- para no confesar que ha leído por primera vez un libro que tendrían que haber leído treinta años antes.
(Textos encontrados en "Antología del Ingenio Festivo y del Humor" de Vicente Stamato. Editorial Voluntad, Bogotá, 1997.)

+++Algunas líneas de "Escritos Inocentes"(Grupo Editorial Norma, 1999) de la argentina Griselda Gambaro (1928-), uno de los libros indispensables para pasar los domingos de tedio "premium" durante mi etapa payanesa (de eso hace ya tres años)...

- Los signos de la vejez son cuatro. Los primeros: las canas, la pérdida de los dientes, la fatiga. Estos tres podrían superarse, salvo cuando se revela el cuarto: los seres y las cosas nos miran y nosotros no devolvemos la mirada.
- Lo que me sucede es que no creo. No creo que los aviones vuelen, que los autos de alquiler lleguen a donde debo dirigirme, que la gente que debe esperarme en un país extraño, me espere. Nunca creo que las calles me conduzcan al lugar preciso que indica el mapa: no creo en el tiempo, que se vuelve fugaz y hasta arbitrario cuando debo cumplir una cita a la que siempre llego antes.
- No me explico por qué razón las flatulencias del espíritu, como la costumbre de la queja, por ejemplo, no provocan la misma vergüenza ni tienen la misma censura social que las del cuerpo.
- Aun en la relación más profunda, nunca se vive la misma historia de amor. Se viven fragmentos comunes de dos historias diferentes.
© Ilustración de Giovanni Clavijo.