Para mi hermano Camilo, fanático de los acordeones, este pequeño regalo:
Le daba la misma carta cada mañana para verle recobrar la ilusión. Era lo único bueno de la enfermad, cada vez que la leía era la primera. Teresa di Lamargo.
Le daba la misma carta cada mañana para verle recobrar la ilusión. Era lo único bueno de la enfermad, cada vez que la leía era la primera. Teresa di Lamargo.
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