Sentí la tibieza mientras la muchacha me exploraba, primero con sus dedos, luego con sus dientes, luego con sus uñas, destrozándome el traje, haciéndome crujir como las hojas secas bajo los zapatos, y la mano empuñada, conmigo dentro, descendió, me soltó junto a una sandalia vacía y un pie desnudo, en la oscuridad del teatro, sin mi perseguido corazón de menta, el mismo que la muchacha revolcaba con su lengua rosada.
Triunfo Arciniegas.LECCIÓN DE MATEMÁTICAS
El lunes arrancó la primera uña, la sangre apenas se notó. El martes arrancó la segunda, la sangría fue leve. El miércoles la tercera, un chorrito que pronto se detuvo. En cambio, toda la mañana del jueves el dedo de turno goteó, goteó y goteó. El viernes acudió al hospital, fue preciso, también el sábado. Sólo que estaba débil y pasó allí la noche. En una cama numerada, fresca y limpia, pues acababan de cambiar las sábanas, el domingo suspiró feliz: aún le quedaban tres.
Triunfo Arciniegas.
En la imagen, cartel de Emile Bertrand, 1899.