Es como la lluvia en una película muda, o como un barco en el fondo del mar, o como una galería de espejos a la hora de cerrar, o como la tumba del ventrílocuo mundialmente famoso, o como el rostro de la novia cuando se sienta a mear después de hacer el amor toda la noche, o como una camisa secándose en el tendal sin una casa a la vista… Bueno, vas pillando la idea. De 'El monstruo ama su laberinto', Charles SIMIC.

Perlitas de Charles Simic (3)

30/7/22 | |

 Ayer en el parque: un culturista en patines, una joven madre empujando un cochecito, un camarero chino al que le apretaban los zapatos, una pareja de enamorados compartiendo un trozo de pizza, una vieja que solía salir con Drácula, un Jesús adolescente con su amigo Elvis, una chica mona con minifalda y botas militares, el tipo solitario que toca el bongo con gafas de sol envolventes.
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Esta mañana, mientras hurgaba en un cajón, encontré una foto de cuando era niño. El pequeño gordinflón parecía contento. Con su pequeña mata de pelo negro cuidadosamente peinada. Se puede ver que está con ganas de que alguna mujer lo recoja y le haga pasar un buen rato.
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El diablo siempre está garabateando algo. Los vecinos intentan mirar por encima de su hombro, también las moscas, y hasta el mismo Dios. Cuando la gente le pregunta qué está escribiendo, responde: nada. Y sin embargo, dicen, sus bolsillos están llenos de gomas de borrar gastadas y puntas de lápices.
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La tuba en el escaparate de la casa de empeños echa de menos a la banda de música y a la majorette de largas piernas que encabeza la marcha y hace piruetas con su bastón mientras recorre la avenida. Puede que algún día aparezca en la tienda, con una radio bajo el brazo o un rifle de dos cañones.

Charles Simic.