Es como la lluvia en una película muda, o como un barco en el fondo del mar, o como una galería de espejos a la hora de cerrar, o como la tumba del ventrílocuo mundialmente famoso, o como el rostro de la novia cuando se sienta a mear después de hacer el amor toda la noche, o como una camisa secándose en el tendal sin una casa a la vista… Bueno, vas pillando la idea.
De 'El monstruo ama su laberinto', Charles SIMIC.
Fuera de ella no hacía otra cosa que pensar comer y ver, tomar el sol. Dentro de ella una sensación de animal rebelde, que a veces dormía quieto, por meses, por años. ¿Qué buscaba? El sol, lo sentía dentro y giraba y por todas partes pedacitos de su piel. ¡No! nunca llegó a esa parte donde sabía que no había regreso.
Antonia Mora.
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